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Issue No : 36 1/septiembre/2001
Focalizando en - los Países de América



La Investigación en prostitución infantil

por Inés María Correa
Periodista del Diario La Nación- Argentina

Propongo la imagen de un laberinto, (en este caso como un juego siniestro inventado por adultos) para poder representar el arduo trabajo de investigar los casos donde niños/as quedan atrapados en casos de prostitución infantil.

Sólo por la imagen, ya que, en la encrucijada del laberinto, lo que aparece al final del camino suele ser algo así como un botín o recompensa. En este caso la recompensa, sería colaborar en destrabar lo que hace tan oculto ese comercio atroz.

Cuando éramos niños, el desafío que se nos planteaba al jugar, era llegar al fin del laberinto. ¿Qué camino tomar?, ¿Cómo sortear los obstáculos propuestos?, ¿Cómo alcanzar la meta, en el menor tiempo?

En uno y otro caso iniciar esa ruta, exige del compromiso de quien la emprende y esta actitud es la que rige el trayecto.

Fue hace unos años y recuerdo que era de mañana cuando G. de sólo 12 años de edad se presentó en la Oficina del Programa Contra la Explotación de Niños del Consejo Nacional del Menor y la Familia de Bs As-Argentina, buscando protección. Su cuerpo mostraba signos de haber sido expuesto a las inclemencias del tiempo.

Hacía varios días que estaba escapada de un Hotel Céntrico, en el que no recibía luz natural, compartía con otras niñas un pequeño bañito, donde en forma transitoria al menos, había perdido la libertad: era utilizada para ejercer la prostitución.

Desde el momento de su fuga hasta el día en que la conocimos, llevaba 5 días buscando refugio. Una amenaza pesaba sobre G. y todas las chicas que casi sin comunicarse entre sí, convivían en ese Hotel, si llegaban a hablar podría ser lo último que irían a decir.

G. ingresó engañada al Hotel, uno de los dueños la había encontrado en la calle cuando recién había escapado de su casa, un tío había abusado de ella y con toda la pena encima, el hombre la condujo según él -a un sitio seguro-….

A partir de los pocos datos que pudo aportar G., con todos las protecciones debidas, ya la niña estaba viviendo en un Hogar, es que empezamos a tratar de ubicar el sitio y por supuesto, a la personas responsables de donde se obligaba a niñas y jovencitas a ejercer la prostitución.

Merodeábamos la zona de día y noche donde podría estar ubicado el Hotel. Sin sembrar la intriga de personal policial, que pudiera alertar tanto a un sector como a otro, con un resultado: no encontramos ningún edificio que tuviera el movimiento que buscábamos.

Debíamos hacer una presentación Judicial elevando esta denuncia, pero sabíamos que convenía tener al menos una pequeña prueba para que ésta prosperase.

Veíamos a G. cada día mejor, con asistencia psicológica, un grupo de pares sosteniéndola desde el punto de vista afectivo y el encuentro con una tía lejana que aportaba la contención necesaria. Sabíamos que no debíamos insistir mucho con la niña en la cantidad de datos que pudiera aportar, ya había repetido hasta el cansancio lo que sabía, que nos resultaba bien poco.

Antes de conocer a G. habíamos iniciado una investigación profunda en la Sección de Avisos Clasificados de uno de los Diarios más importantes del país. Una de las carnadas que nos parecía, tenía que ver con la situación de G. eran unos de los avisos: "5 por 3 velitas, te van a hacer feliz" (la alusión tenía que ver con la oferta de jovencitas de 15 años). Estos avisos ofrecían solo un teléfono nunca aparecía domicilio. De este estilo encontrábamos cantidad de avisos y llamamos, alcanzamos una dirección, con esto se llegó a la presentación Judicial.

Otro dato fundamental lo dio un llamado telefónico anónimo de un cliente arrepentido que nos corroboró uno de los teléfonos aportados en la denuncia Judicial.

Los datos fueron suficientes, lo que generó un allanamiento en el domicilio referido, pero ¡Zas!, allí sólo había una Oficina con otras características y nadie que pudiera aportar ninguna referencia de niñas que fueran explotadas sexualmente.

El proceso siguió y la ruta del laberinto nos volvió repentinamente al comienzo. Fuimos amenazados de muerte durante varios meses cada vez que nos acercábamos a alguna de las entradas del sinuoso laberinto. Recuerdo que, en una oportunidad, de tanto insistir, durante un allanamiento policial a un Hotel fueron detenidos varios adultos indicados como responsables, no recuerdo cuanto tiempo duró su detención. Pasó un tiempo y nos resultó más difícil aún continuar caminando por el laberinto mientras, G. festejaba un nuevo cumpleaños y se encontraba cada vez mejor.






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